Es todo un acto de resistencia

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Hoy, recordé a Ernesto Sabato y su resistencia.

Y cuán atinado sentido de hablarnos de ella desde el ser, desde el arte, desde el diálogo y el encuentro.

 

Parece que vivir es resistir y viceversa. Y cuando las nubes se nos van a la cabeza, o también, en sentido opuesto; hay que hacer esto:

Resistir.

La resistencia como encuentro con uno mismo cada mañana.

Uno mismo como resistencia a la pérdida de sentido social.

Los encuentros, las culturas y los diálogos como resistencia a la pérdida cultural.

La música como resistencia a la adversidad y el silencio.

El silencio como resistencia a la absurda necesidad de constante atención.

La atención como resistencia al paso del tiempo y a lo efímero.

Lo efímero como resistencia a nuestra incapacidad de entender del todo el sentido de la vida.

La vida como resistencia a nuestros propios pensamientos.

La resistencia como forma de vida.

 

Hay que creer más, crear más, sentir más. Recordarnoslo cada mañana si es necesario, porque también eso es resistir, perderse y buscar el camino de vuelta, caerse, partirse la cara y levantarse, equivocarse y aceptarlo, extrañar y decirlo, amar y recordar.

Que lindo poder resistir cada día; siempre un poco más de lo que hubiéramos imaginado que seríamos capaces.

 


 

“Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días”.

Ernesto Sabato

 

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Si estás ahí, se va a pasar.

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Si alguna vez has experimentado ansiedad, creo que esto puede sonarte familiar.

Sino, es posible que no tenga sentido.


Escribo estas líneas desde donde vivo, desde mi presente y desde quién soy hoy en día.

Sé que con el tiempo cambiamos, sé también que no siempre nos encontramos en el mismo nivel de consciencia, de atención o de interés. Pero a veces logramos establecer pautas de referencia conforme a nosotros mismos, y a veces, esas pautas pueden guiarnos en ocasiones futuras, a nosotros mismos e incluso a otros.

Lo que hoy siento me explica y me ayuda a entender mejor lo que fue y lo que es, hoy.

Escribo estas líneas con cierta incomodidad, claro, porque enfrentarse a la mirada pública y decir, esto me pasa a mí, siempre es duro. Pero sobre todo escribo porque creo que es importante y lo hago con gran agradecimiento a las personas que están siempre al alcance, por todos los medios.

A todos aquellos que alguna vez han dicho, tú puedes vencerlo, eres más fuerte de lo que crees, se va a pasar, te entiendo, aquí estoy para ti. A todos ustedes, gracias de verdad, porque son la voz de la esperanza propia, de la consciencia profunda y de las ganas de vivir y ser feliz; sin estos ecos en otras voces, sería difícil enfocar el camino en momentos de oscuridad.

Entrar en un estado de ansiedad es súbito y absoluto.

Te golpea como el aire frío que arremete contra la ventana de un vehículo en movimiento.

Es un estado doloroso y completamente atemporal. Donde el tiempo se diluye, y la presencia del malestar se propaga en todos los posibles planos del pensamiento.

Es pararse al borde del precipicio, con un miedo absoluto de moverse en cualquier dirección.

Es una línea delgada e interminable, que aterra cruzar y que aterra no cruzar.

Entrar en un estado de ansiedad, es inesperado, es falto de oxígeno, falto de aliento, falto de ideas.

Es polarizado, entre la absoluta incapacidad de salir de ahí y la incansable energía para recordarte dónde estás.

Es una lucha interna agotadora, entre olas que van y vienen y van y vienen,

Y van y vienen; van

Y

                                               Vienen

Sin ritmo, a su gusto, acabando con cualquier posibilidad de anticipación o mitigación.

Cada ola es tan grande y tan fuerte como cualquier otra, y a la vez, cada una se siente como la más grande y la más fuerte que jamás hayas vivido.

Es una experiencia exhaustiva

                Y sin punto final localizable

Es un constante de preocupación, de confusión, de tristeza.

He estado ahí, hoy lo estoy nuevamente.


Si alguna vez has experimentado ansiedad, creo que esto puede sonarte familiar.

Sino, es posible que no tenga sentido.

Yo también viví muchos años sin ansiedad, y un día simplemente sucedió.

Si estás ahí y lo estás viviendo ahora mismo, busca esos ecos que te recuerdan que se va a pasar, que vas a estar bien, que eres más fuerte de lo que crees. Porque es verdad.

Se va a pasar,

Eres más fuerte de lo que crees en este momento,

Y vas a estar bien.

Y si todavía no lo crees, vuelve a leerlo.

Confronta hasta donde puedas la marea, y déjate llevar como puedas a la orilla.

El tiempo está después.

 

 

Why Latvia?

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I’ve been here in Riga for almost seven weeks.

Now there’s familiar faces, and familiar places. Still a lot to discover and lot to experience.

But since I decided to take 5 planes to get to this city a couple of months ago, there has been always this question: why Latvia?

I’ve asked this to myself at the start, of course, but mostly, is the people I am meeting who ask me, why?, why you decided to come here?

The first time I answered, I was certain that my story was unique, and amazing. “Because I wanted to do something else, I wanted to be a volunteer, and travel, and discover a new world. I mean what could be better than a far away country, with a completely differente weather, people, culture and language?”.

And yes, of course this answer is still truth. But it is not so unique I’ve come to realize. There is many (MANY) of us in this world, who dream and believe and have an aching desire to see and taste and smell and touch different cultures, in many different ways. This is a beautiful fact.

Then, for many other times until now, and I am certain that for many more times in the upcoming weeks and months I got and will get this question:

Why Latvia?

And the truth is, the reason is always changing.

Maybe on the first week was because it was so cold that I couldn’t speak when walking outside, or because I saw the Daugava river frozen.

And as the days go by, there has been many reasons. Latvia because;

The beer is great and it always comes in 500ml glasses. There are folk dances that I really want to learn. I feel at the top of the world when I can understand new words in latvian language. I have amazing and inspiring people around me creating and working in Bambuss and in other NGO´s. I can bike the streets with no uphill streets. I can take a one hour bus and be at a magical lighthouse and pier. The wetlands and forests are beautiful and huge.

I am meeting incredible people from France, Croatia, Ukraine, Ireland, Italy, and of course, from here, amazing latvians. Free movies at KKC on wednesdays. Lido and its potato pancakes. I can drink lots of tea. Random thursdays with Vivaldi and walks back home. The arrival of spring feels like a dream; the old town also feels like a dream. The national library is amazing. So many people speak english, so many people as well are interested in spanish. So many people smile when you say: Es esmu brivpratiga.

And there might be also hard times, we never know. But the whole point of these is that we should always have a reason why we are doing what we are doing, even if its really tiny, even if we don’t want to share it with anyone. Reasons to be and to do, make life much more consicious and much more beautiful.

Latvia is much more than just a: why not?

Don’t ask why.

 


 

Qué esperas?

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Escribo estas líneas, desde un leitmotiv falto de inspiración,

desde un deseo profundo de pos ponerlo y volver a ello solamente cuando la urgencia de hacerlo sea incontenible.

Escribo estas líneas, desde una mañana fría, con dedos lentos e ideas nubladas.

Con una taza de café demasiado caliente todavía para poder beberla.

Con un día largo y cargado de actividades adelante y con párpados pesados, de esos que si encuentran la oportunidad de volver a cerrarse por 5 minutos más, lo hacen si dudar.

Escribo desde este momento y hacia adelante, porque las cosas a veces van sucediendo una tras otra, demasiado rápido y olvidamos poner atención; pero hoy quiero que sea diferente.

Quiero poner atención a las conversaciones de mi día a día, a las sonrisas y miradas con las que me encuentro y también con las que me desencuentro. Quiero notar la lenta y sutil llegada de la primavera, los colores, sonidos, olores y sensaciones que trae consigo. Quiero estar absolutamente presente en el movimiento veloz de la bicicleta llevándome de un lado a otro. Descubrir nuevos rincones, viejos hábitos y nuevas formas. Maravillarme con el progreso de las cosas y desilusionarme cuando no se logran, pero sin dejar de intentarlo.

Quiero estar así, ocupada, cansada, contenta y que me escribas un cuento; por ejemplo uno que hable de los 43 mares y los millones de estrellas que hay ahí fuera; qué esperas?


 

 

 

 

 

Ojos que no ven…

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…Corazón que no siente, se dice.

Pero si el corazón no puede conectarse a los ojos, entonces encontrará muchos otros canales para interpretar el mundo.

Este fin de semana viví una experiencia un tanto difícil de conceptualizar; Teatro laberinto le llamaron. En términos prácticos son alrededor de 20 o 25 minutos con los ojos vendados, donde recorres de forma individual un mundo lleno de historias y personajes con los que vas interactuando. En términos reales, es mucho más que eso. Y en un esfuerzo por no olvidar, intento ahora explicarlo no con palabras, sino con emociones.

Es como cuando ves a alguien que realmente aprecias leerte una historia; y escuchas la historia y la imaginas pero en ciertos momentos, te pierdes en el brillo de los ojos de la persona, u observas con absoluta atención ese lunar que tiene en la cara que siempre ha estado y que le hace única, pero que jamas menciona nadie.

Es como cuando ves un atardecer en la playa y piensas que todo es posible, y vuelves en ti al sentir el agua fría invadiendo los huecos entre los dedos de tus pies.

Es como cuando piensas que los momentos que compartes con tus amigos son extremadamente valiosos, cuando los ves reír y bromear, y al dar un trago a tu cerveza fría, te pierdes en su consistencia, su sabor, su temperatura.

Es ser y estar, a la vez, de una a otra y de otra a una. Es una compleja experiencia de lo sencillo que es nuestro existir.

No hay más palabras.

Después pude ver a otros viajar en el interior de sus propias capacidades de interpretación y me maravilló lo poco que sabemos desde afuera. Lo poco que podemos adivinar de ese vaivén entre el sentir, el pensar, el valorar.

No es el tiempo, o el espacio en el que nos encontramos, sino nosotros. Es nuestra capacidad de imaginar y de crear, pero sobre todo nuestra paciencia y nuestra atención a dichas capacidades.

Es el amor y el cuidado que nos profesamos a diario, en el silencio de la oscuridad de la infinita – mente. De este individuo que de manera colectiva logra ser y no sólo existir.

Y por suerte, hay maneras de explorarlo, de exteriorizarlo, de compartirlo.


El primero de doce

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Hoy se cumple un mes en Rīga. Y vaya que el tiempo es relativo.

De cierta forma ha volado y se ha escapado entre los dedos como arena del Baltico.

De otra extraña manera, está tan cargado de recuerdos, experiencias y sensaciones que podria hacerse una comparativa con otras etapas y decir que hasta ahora no fue un mes, sino varios.

Es curioso sentir que uno vuelve a casa en una nueva casa, que ve a un amigo en nuevas caras, que reconoce los rumbos centricos de una nueva ciudad, que entiende algunas palabras en conversaciones ajenas que antes parecian de códices lejanos e inquebrantables.

Ahora, como los ciaos, paldies, lūdzus, ielas, numeros y dias de la semana que van saltando de los hablares alrededor; tambien van saltando detalles que van siendo familiares: la parada del transporte publico en la que hay que bajarse para ir a un sitio u otro, las direcciones para llegar a una zona u otra de la ciudad, algunas costumbres, algunos gestos, algunos olores de áreas muy especificas, algunos sabores de platillos locales, algunos sabores de cervezas y mucho más.

En este mes ha habido retos, logros y tambien algunos fallos; pero lo más importante de todo ha sido, es y deseo que siga siendo, disfrutar cada dia y vivirlo unicamente en el presente. No hay más.

Asi es como se hace un EVS

Dia a dia; presentes.

Vamos por los siguientes once.


The first out of twelve

I arrived a month ago to Rīga. And oh well, isn’t time relative?

In some way it has flew away and escaped between my fingers like Baltic’s sand.

But oddly, in the other hand, is so fulfilled with memories, experiences and sensations that it would be possible to run a comparative test with other stages and say that until now it has not been a month, but several.

It’s funny to feel that you are back home at a new house, that you see a friend in new faces, that you recognise the downtown whereabouts of a new city, that you understand some words in other people conversations that before felt like distant and unbreakable codex.

Now, as the ciaos, paldies, lūdzus, ielas, numbers and days of the week that jump out of surrounding convos, there are details also popping out and becoming familiar, like the public transport stop in which one needs to get down for on place or another, the directions to get to a zone or another around town, some manners, gestures, smells at particular areas, some flavours of local brews and dishes and much more.

In this month there has been challenges, achievements and also failures; but the most important of all was, is and I hope it will continue to be; enjoying each day, living it only in the present time. There’s no more.

This is how you make an EVS.

Day by day, present.

Here we go for the next eleven months.


“Intentalo,

apaga este motor

en movimiento”

Memoria del fuego

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En medio de tanta nieve, sobrevivió el potencial del fuego,

Aūn ante el paso de tiempo, se encargó de si mismo; guardó el combustible que le quedaba,

Esperó, esperó y se cansó de esperar.

Pensó, genuinamente, que no habría fuego otra vez.

Que era todo una memoria; una memoria del fuego que se apagó a si mismo,

que se dijo que no había razón para seguir ardiendo y se consumió entre pensamientos.

Pero un dia gris y lluvioso, se recordó a si mismo que aūn le quedaban horas de luz

y cuando miró los restos raídos, no supo exactamente cómo, ni por qué, pero algo empezó a brillar, por dentro y por fuera. Iluminó nuevamente un camino, que se había perdido en la penumbra.

Aūn ante el paso del tiempo, sobrevivió el potencial del fuego

Y a lo lejos, comenzó a arder nuevamente

En palabras de Galeano, “no hay dos fuegos iguales”.